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Macha y El Bloque Depresivo: rito popular, memoria y desamor en un Estadio Nacional a tope

Macha y El Bloque Depresivo firmaron una noche histórica para el país con su primer Estadio Nacional, un hito que no solo coronó la trayectoria del proyecto, sino que volvió a cargar de significado un espacio atravesado por la memoria colectiva. Esta vez, desde la música, el desamor y el ritual compartido. Según la organización, más de 52 mil personasse reunieron en Ñuñoa para cantar a coro un cancionero AM latino que, por tres horas, convirtió el coloso en ceremonia emocional.

Con una red de invitados nacionales e internacionales, el espectáculo se construyó como un tránsito entre nostalgia y duelo, donde la celebración convivió con la herida. Canciones del ayer y de hoy articularon una catarsis multitudinariaque, lejos de la euforia festiva, buscó la intimidad incluso a escala estadio. Una velada para la historia y un desahogo colectivo, donde el grito cantado fue la forma más honesta de decir —en lo personal y en lo nacional— lo que cuesta nombrar.

El inicio: puerto, silencio y primer latido

Bastaron cinco minutos de un registro audiovisual que honró los orígenes provincianos del Bloque para dar el puntapié a un show de cerca de tres horas y un setlist de alrededor de 40 canciones. Entre aplausos que pronto se silenciaron, una atmósfera sonora de puerto —barcos, gaviotas y olas— se apoderó del Estadio Nacional. Desde un silencio cuidadosamente construido emergió la primera canción: “Qué es lo que pasa”, interpretada junto a Vicente Cifuentes.

Con boina de marinero y su vestimenta identitaria, la barba inconfundible de Aldo “Macha” Asenjo apareció por primera vez en escena. El público respondió con contención: incluso en una pieza animada, el coro unísono tardó en prender. La pasión comenzó a aflorar con “Procuro olvidarte”. El bolero dejó claro que la audiencia no venía a una fiesta, sino a entregarse al desamor, a una borrachera más cercana al corazón partido que a la celebración.

Durante gran parte del concierto, el público pidió que se apagaran los focos que lo iluminaban, rogando la intimidad necesaria para la confianza emocional. Esa entrega se manifestó con fuerza en “Sabes”, “Sin excusas” y “Regresa”. Un invitado clave en ese clima fue Álvaro Henríquez, quien con “El triste” y “Lo que no fue no será” —junto al Cuarteto Austral— terminó de arrancar la pasión desde las galerías.

Invitados, historias y relecturas

En el mismo tono, Joselo Osses relató la historia detrás de “Amiga”, popularizada por Miguel Bosé, recordando que fue escrita por Luis Gómez-Escolar para la cantautora española Cecilia, fallecida en 1976. Con ese contexto, la canción adquirió un peso nuevo y el público la abrazó con evidente desgarro.

Entre corazones atravesados por la nostalgia, Macha integró versiones de Chico Trujillo, adaptando “Loca” y “Si no fuera” al pulso melancólico de la noche. Incluso la modernidad encontró su lugar: “Turista”, de Bad Bunny, fue reinterpretada al más puro estilo del Bloque.

Por el lado internacional, la argentina Julieta Laso aportó su impronta tanguera con “Cada domingo” y “Que me quemen tus ojos”. Más tarde, el franco-español Manu Chao sorprendió con una aparición breve e intensa: guitarra al frente y “La despedida” para hacer temblar el estadio. La cercanía entre los invitados y la banda fue evidente en abrazos y gestos; desde las tribunas, la afinidad fue igual de clara: los invitados fueron coreados como propios.

También dijeron presente Santa Feria, coronando junto al público “Una lágrima y un recuerdo”, himno inmortal de Zalo Reyes; y Movimiento Original, que dejó el hip-hop para entonar “Aunque no sea conmigo”. A ratos, las cuerdas del Cuarteto Austral profundizaron el tono herido del repertorio.

Memoria viva y momentos que marcaron

Hubo instantes que trascendieron lo musical. Uno fue la lluvia de estrellas simulada por las linternas de los celulares —incentivada por Joselo Osses— para “Hoy tengo ganas de ti”. Otro, el minuto de ruido pedido por Macha en honor al fallecido Claudio “Pájaro” Araya: parlantes a todo volumen, batería estruendosa y los gritos más sentidos de la noche.

El momento más solemne llegó con el homenaje a las personas torturadas y desaparecidas en el Estadio Nacional. La música se apaciguó y las pantallas proyectaron el espacio de memoria bajo la consigna: “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”. Tras palabras dirigidas a las víctimas y sus familias, el tributo culminó con “Regresa”, frente a un público que evidenció un dolor aún vivo en parte del país.

El final y el regreso

Tras “Los continentales”, la banda dejó el escenario y el desconcierto fue inmediato. Minutos después —cuando algunos comenzaban a retirarse— el Bloque regresó para seis canciones adicionales. Destacó “Óleo de mujer con sombrero”de Silvio Rodríguez. El cierre definitivo, de pulso bajo, quedó sellado por “Las simples cosas” y un público exhausto, que aceptó finalmente el fin del rito.

Lo del 20 de diciembre fue más que un concierto: comunidad, memoria y sanación en un Estadio Nacional lleno. Macha y El Bloque Depresivo demostraron que su universo —porteño, solemne y popular— puede habitar lo monumental sin perder intimidad. Una noche en la que 52 mil voces cantaron como una sola y dejaron claro que la épica también se escribe desde el desamor compartido.

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